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Ay si tuviese tiempo para escribir el cariño que ya le tengo a mi alumna con TDAH y Toc, aunque sea difícil el 80 por ciento de las veces y aunque nos desprecie a todos y nos falte al respeto. Se lo tengo porque veo en su forma de actuar un protegerse de un mundo que cree que no la acepta; porque cada vez que me desobedece se me enternece el alma al ser tan transparente la suya, porque cuando le digo que si quiere un abrazo, se sonroja. Rosmando me dice “no, q te rompo”, pero me lo dice tierna, cabizbaja, dejando en evidencia la necesidad de cariño, constatando que abrazándola te ganas su respeto.

Hoy consiguió transformar mi día: llegué agobiada a mi trabajo, y con prisas dejé mis cosas en la silla para prepararme para la primera clase, entonces entró ella en mi aula, aunque no tenía clase conmigo me enseñó, mientras no venían mis alumnos, a su perro en fotos, me mostró el plato que cocinó con una alegría inusual. Se dibujaba una sonrisa en la misma persona que todos los días me dice que quiere morirse y supe que quería contarme algo más. Así que le digo: “vaya qué bien, hoy te veo contenta, ¿cuál es el motivo?”. “Saqué un 9 en naturales, pero yo nunca estoy contenta” me dice; ” ya, y por eso sonríes”-le digo yo; “qué no sonrío” repite ya sin aguantar la mueca inevitable, así, aunque se contiene, ya se dibuja en su expresión el placer del esfuerzo con resultado. Entonces tengo la oportunidad de darle un toque en el hombro y recordarle la conversación del día anterior: “ves, como al final los esfuerzos dan alegrías”. Me dice que se va ya porque vienen mis alumnos y antes de que se marche le digo: “gracias, por alegrarme el día”

Xoana Goicoa

Licenciada en filología hispánica. Máster en aptitud pedagógica y máster universitario en lingüística y sus aplicaciones. Experiencia en academias, colegios, asociaciones, universidades y en el extranjero.